En ese momento, mi cabeza se aclaró para luego volver a desvanecerse en la oscuridad. No, no me había desmayado sino que sabía muy bien lo que eso implicaba.
Una imagen nítida cubrió mi subconsciente y mi consiente a la vez. Nunca había tenido dos visiones con tan corto lapso de tiempo entre las mismas y ese hecho, me tomó por sorpresa.
Por un momento hasta creí que volvería a visualizar a esa extraña familia luego de escrutar la habitación en la que me encontraba. Sí, donde me encontraba. Esta vez era parte de la visión o eso creía.
Me hallaba sentada en un taburete y apoyada sobre una barra con un batido cremoso entre mis manos, que según mi rostro, poco disfrutaba de su consistencia. Vestía prendas extrañas, coloridas pero a la vez sutiles. Un pañuelo cubría mi rostro iluminado bajo las lámparas de aquel lugar. La música era ruidosa pero de un ritmo pegajoso; había muchos caballeros y damas a mí alrededor bailando al compás de la melodía y bebiendo diversos tragos.
Estaba situada en una cafetería, eso era claro, pero el tiempo me era indefinido. No podía tratarse de un futuro cercano, era otra cosa de la que estaba segura.
Y fue cuando lo vi…
Ahí estaba, firme, erecto, sobrepasando el umbral del negocio. Era hermoso, más agraciado de lo que hubiera podido llegar a ser Apolo, el famoso dios griego conocido por su deslumbrante belleza. Facciones perfectas, cabellera dorada alborotada al viento….musculatura….simplemente delicioso.
Aún así, a pesar de su disfraz de notoria exquisitez, sus ojos escondían algo. Negros como el carbón mismo, mostraban rudeza y escondían un misterio abrumador.
Volví a mirarme. Mi rostro mostraba ansiedad y una exaltación estimulante, pero luego, descubrí que mis ojos mostraban la misma frialdad y rigidez que los de él. Eran azabaches como la noche. Eso solo podía significar una cosa para mí, él era igual que yo, una criatura de la oscuridad y por alguna extraña razón caí en la cuenta que yo lo conocía y al parecer, lo estaba esperando.
Pero una duda me invadió que luego mi visión supo aclarar…
Miré por la ventana del lugar antes de levantarme de un salto en busca del insólito caballero. Era de día, otra cosa que llamó mi atención. Si era o éramos criaturas de la oscuridad como lo eran los vampiros ¿por qué podíamos permanecer allí, expuestos y sin que nada nos pasase? De todos modos no me importó.
De un rápido salto, me encontré cara a cara a él. Me miró asombrado y perturbado a la vez, pero yo parecía tranquila y feliz.
- Me has hecho esperar mucho tiempo - acoté con falsa pesadumbre.
El hombre sorprendido me observó más penetrantemente pero cuando menos lo imaginé, con una voz empalagosamente irresistible, me respondió con la cabeza gacha:
- lo siento señorita - y me sonrió débil y cortésmente.
Ese fue el fin de mi visión pero aún así, fue suficiente para dejarme dándole vueltas al tema por horas y bastó para que jamás borrara aquel rostro de mis pensamientos, nunca más.




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