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martes, 2 de febrero de 2010

Capítulo 4: “La larga espera”

El tiempo trascurrió tan rápido como una estrella fugaz.
Ya había logrado asimilar en lo que me había convertido; era más fuerte y mi sed se encontraba bastante controlada a pesar de algunos pequeños deslices…irresistibles.
No había tenido nuevas visiones sobre aquella curiosa familia pero sí sobre Jasper, el joven galante que protagonizaba frecuentemente las mismas, quien reveló su nombre durante una de mis premoniciones. No podía parar de vislúmbralo en mis pensamientos, era tan perfecto…estaba segura que su remarcada presencia debía significar algo. ¿Un indicio de un cambio grande, tal vez? ¿Debía ayudarlo en algo? No estaba segura, pero lo indudable era mi desesperación por encontrarlo.
Acostumbrada a poder caminar bajo la luz de un día nublado, aprovechaba mi velocidad y pasaba todos los días recorriendo las ciudades y pueblos más cercanos en su busca, pero claro, eso durante el principio. Luego, la ansiedad recorrió mis secas venas con mayor intensidad y necesité más que nunca que mi visión fuera realidad y no un simple sueño. Jasper, Oh Jasper…no sé porqué necesitaba encontrarlo con tanta rapidez, solo sé que lo precisaba y sentía que él me requería también, o eso fue lo que presentí durante un momento de trance.
Así fue como pasaron 29 años de mi vida como vampiro, sola, abrumada y completamente aburrida. Necesitaba un poco de aventura en mi subsistencia, o algo de exaltación. Estaba harta de sentirme tan solitaria, quería un compañero pero no a cualquiera, lo quería a él. No es que hayan faltado pretendientes, había encontrado algunos vampiros por el camino aunque no era lo mismo, yo tenía un impulso egoísta hacia Jasper Whitlock, aquel extraño….¡¡¡NO , NO!!! Extraño no, si ya sentía que lo conocía…
…Tiempo después, abandoné mi búsqueda por falta de esperanza.
Y cuando menos lo esperaba, la oportunidad apareció frente a mí, más que oportunidad lo llamaría destino. Por una extraña sensación, decidí aquel día 30 de Junio abrirme camino y llegar a Philadelphia. No me encontraba tan lejos y creía poder llegar a la capital en cuestión de pocas horas. Tomé el pañuelo y los lentes que siempre utilizaba cuando me mezclaba entre la sociedad y los puse en su debido lugar: cabeza y ojos.
Era una mañana completamente normal, lluviosa y húmeda pero fue cuando, en mi andar, me topé con un letreo llamativo que decía “open” en luces de neón. Por alguna extraña razón, me parecía conocido pero no le presté especial atención. Decidí seguir camino y sin imaginármelo me invadió la sed de repente, y no sed de café, quería un sabroso humano ¡Hace tanto tiempo que no probaba un poco de ese elíxir que me mantenía viva! Aún así, me resistí a la idea aunque no tanto como mis piernas, que en un abrir y cerrar de ojos me condujeron frente a dichoso letrero nuevamente. “tonto cartel” pensé – “¿Por qué me pareces conocido? Pero que estoy diciendo….oh ese olor…humanos….no, no Alice, comcéntrate, te lo prometiste a ti misma, nada de humanos, no otra vez”.
En aquella lucha interna tomé la manija del local y fue entonces cuando se nubló mi vista y tuve una visión conocida. En cuanto volví a la realidad, caí en seco sobre el suelo con la manija en mi mano y sorprendentemente, una sonrisa de oreja a oreja extendida por mi rostro. Era la cafetería que tanto buscaba. ¡Era el día! Ese 30 de junio, conocería a quien me cambiaría la vida para siempre…

sábado, 30 de enero de 2010

Capítulo 3: “Una visión hacia el futuro”

En ese momento, mi cabeza se aclaró para luego volver a desvanecerse en la oscuridad. No, no me había desmayado sino que sabía muy bien lo que eso implicaba.

Una imagen nítida cubrió mi subconsciente y mi consiente a la vez. Nunca había tenido dos visiones con tan corto lapso de tiempo entre las mismas y ese hecho, me tomó por sorpresa.

Por un momento hasta creí que volvería a visualizar a esa extraña familia luego de escrutar la habitación en la que me encontraba. Sí, donde me encontraba. Esta vez era parte de la visión o eso creía.

Me hallaba sentada en un taburete y apoyada sobre una barra con un batido cremoso entre mis manos, que según mi rostro, poco disfrutaba de su consistencia. Vestía prendas extrañas, coloridas pero a la vez sutiles. Un pañuelo cubría mi rostro iluminado bajo las lámparas de aquel lugar. La música era ruidosa pero de un ritmo pegajoso; había muchos caballeros y damas a mí alrededor bailando al compás de la melodía y bebiendo diversos tragos.

Estaba situada en una cafetería, eso era claro, pero el tiempo me era indefinido. No podía tratarse de un futuro cercano, era otra cosa de la que estaba segura.

Y fue cuando lo vi…

Ahí estaba, firme, erecto, sobrepasando el umbral del negocio. Era hermoso, más agraciado de lo que hubiera podido llegar a ser Apolo, el famoso dios griego conocido por su deslumbrante belleza. Facciones perfectas, cabellera dorada alborotada al viento….musculatura….simplemente delicioso.

Aún así, a pesar de su disfraz de notoria exquisitez, sus ojos escondían algo. Negros como el carbón mismo, mostraban rudeza y escondían un misterio abrumador.

Volví a mirarme. Mi rostro mostraba ansiedad y una exaltación estimulante, pero luego, descubrí que mis ojos mostraban la misma frialdad y rigidez que los de él. Eran azabaches como la noche. Eso solo podía significar una cosa para mí, él era igual que yo, una criatura de la oscuridad y por alguna extraña razón caí en la cuenta que yo lo conocía y al parecer, lo estaba esperando.

Pero una duda me invadió que luego mi visión supo aclarar…

Miré por la ventana del lugar antes de levantarme de un salto en busca del insólito caballero. Era de día, otra cosa que llamó mi atención. Si era o éramos criaturas de la oscuridad como lo eran los vampiros ¿por qué podíamos permanecer allí, expuestos y sin que nada nos pasase? De todos modos no me importó.

De un rápido salto, me encontré cara a cara a él. Me miró asombrado y perturbado a la vez, pero yo parecía tranquila y feliz.

- Me has hecho esperar mucho tiempo - acoté con falsa pesadumbre.

El hombre sorprendido me observó más penetrantemente pero cuando menos lo imaginé, con una voz empalagosamente irresistible, me respondió con la cabeza gacha:

- lo siento señorita - y me sonrió débil y cortésmente.

Ese fue el fin de mi visión pero aún así, fue suficiente para dejarme dándole vueltas al tema por horas y bastó para que jamás borrara aquel rostro de mis pensamientos, nunca más.

jueves, 28 de enero de 2010

Capítulo 2 : Ser o no ser, esa es la cuestión.

Aquellos ojos, aquel rostro… ¿Y esa mirada? No podía ser yo, no podía ser Mary Alice Brandon, la joven que había sido años atrás. ¿Dónde estaba mi niñez? ¿Mi adolescencia? Había crecido en la oscuridad, eso lo recuerdo pero… ¿Qué me había pasado? ¿Y aquellos hoyuelos que acostumbraban formarse cuando sonreía?
Reflejada en el agua no pude evitar intentar interpretar una sonrisa falsa y con los labios bien estirados para reconocerme, dejando al descubierto una brillante dentadura. A sorpresa mía los hoyuelos simpáticos que recordaba se dibujaron al lado de las comisuras de mi boca. No cabía duda que aquel ser era yo. Pero esos ojos, no pude desprenderme de esa mirada. Eran rojos como la sangre misma y parecían chispear llamas dentro de mi mente, esa mente que me torturaba al solo recordar el rico aroma de aquel humano. ¿Y por qué no me refería a mí misma como humana? Es que era imposible asimilarme como tal, no después de lo visto. No era por egocentrismo, pero al ver mi rostro en la laguna me asombré más de lo que estaba por la hermosa belleza del mismo, era casi….sobrenatural ¡¡¡Pero si yo lo era!!! Todo mi ser era irreal para mí, eso siempre lo supe. “Vampiro” repetí en mi fuero interno con un gran suspiro, “imposible”.
Volví a abrir mi boca y con mis huesudos dedos tomé ambos extremos de mis cachetes y empecé a escudriñar mis dientes. No había ninguna protuberancia que llamara mi atención, ningún colmillo de diablo o demonio, solo dientes y más dientes, pero en perfecta alineación debo admitir.
De repente una vaga idea cubrió mis pensamientos. Cerré los parpados fuertemente y me concentré lo más que podía, pero era casi imposible con esa sed insaciable. Intenté imaginarme volando, pero nada sucedió. No me sentí flotar y no había alas en vez de brazos.
Abrí los ojos frustrada. Ni siquiera vampiro era, al menos eso creía. Pero tenía sed y tenía una gran mezcla de olores en mi cabeza. Todo me daba vuelta por algún decir, me sentía desorientada, fuera de foco.
Seguí con mi mirada el panorama que me rodeaba, veía todo con colores tan vívidos a pesar de la oscuridad, casi ni percibía la noche, para mí, todo parecía como un crepúsculo. Veía perfectamente pero a su vez no podía evitar reconocer que la Luna se había alzado en el cielo.
Me tensé. La Luna, ese astro espectacular lleno de cráteres y brillante como un diamante. La Luna, la noche…¡¡¡EL DÍA!!!
Un escalofrió recorrió mi cuerpo frío. El día, el amanecer….¡¡NO PODÍA EXPONERME A TAL COSA!! No si era un ser de las sombras. ¿Y cuanto quedaba para que el Sol se asomara?
Por un lado quería que mi vida acabara allí, que refulgiera la gigantesca estrella y me convirtiera en polvo, pero por otro lado el instinto de supervivencia se apoderaba de mí.
¿Y mi tumba? ¿Mi ataúd? “No puedo ser un vampiro sin ataúd” sospeché internamente.
Confiando en mis piernas, corrí lo más veloz que pude y me interné en el bosque.
Busqué y busqué un escondite. Tenía que alejarme de la luz, pero nada encontraba. Me sorprendió mi agilidad en cuanto solo pude pensar en mis piernas y en la forma que esquivaba con facilidad la maleza.
De pronto, tras los crujidos de mis pies sobre las hierbas y el pasto se le sumaron latidos, latidos torturadores y, a ellos, diversos aromas. No uno, muchas esencias distintas.
Estaba a punto de enloquecer. Cerré los ojos intentando concentrarme en cualquier cosa pero me saturaba, era más fuerte que yo. Me imaginé que me buscarían, pero pensé haber sacado una ventaja provechosa de la población. No podía vivir nadie allí, ni un leñador. Los árboles y arbustos estaban muy juntos y eran tan grandes y gruesos que hubieran costado añares poder tumbar alguno de sus robustos troncos. Y los animales…. ¿Quién sabe qué seres escalofriantes y peligrosos podían habitar allí? Solo se me ocurría uno…sí, yo.
Pestañé por si la velocidad me jugaba en contra y me mareaba, pero no. Lo que percibí fue un par de linces correr no muy lejos mío, y los veía tan nítidos a pesar de la rapidez de mis pasos. Sus latidos me llamaban la atención al igual que su peculiar fragancia.
Paré en seco, ese olor, esos latidos. Los miré detenidamente recorrer la distancia. Se me hacía agua la boca, pero no podía….no podía pensar algo tan atroz y perverso como lo que se me ocurría dentro de mi fuero interno.
Pero los latidos eran ensordecedores. Yo quería hincar mis dientes, sí, ni más ni menos que ese término, quería hincar mis dientes en aquellas pieles carnosas, probar su sabor, más precisamente, el sabor de su sangre.
No me importaba estar trastornándome por completo, ya no, no me interesaba volverme caníbal, yo tenía que zacear mi sed…y el sonido del goteo de la sangre recorrer su trayecto desde sus débiles corazones hacia sus cuerpos en su totalidad acaparaba toda mi atención y hasta me parecía embelesador.
A partir de ahí, todo fue tan rápido que difícil sería describirlo. Mi subconsciente, el ello de mi mente, le ganó al yo y al superyó en conjunto al ver un lince de la manada pasar frente a mis ojos con una pata rasguñada. De ese simple rasguñó emanaba unas escuetas gotas de sangre que fueron suficientes para derretirme. Como aclaré anteriormente, era indescriptible.
Me agaché y rápidamente me agazapé hacia el pobre animal indefenso. Con una sabiduría imprevista, clavé mis dientes sobre la yugular del ser y absorbí todo lo que pude. No quisiera haber visto mi rostro en aquel momento, estaba segura que debía haber sido el de una bestia. Pero no importaba, sentía placer, no cabía remordimiento en mí hacia aquella pobre y debilucha criatura que se retorcía bajo mis brazos que la apresaban con fuerza sobrehumana mientras gemía tristemente.
Mi consiente se nubló y el picor de mi garganta fue desapareciendo poco a poco, sintiéndome raramente vitalizada…

miércoles, 27 de enero de 2010

"Dulce Melodía" - Piloto

¿Qué pensaba? ¿Si recuerdo algo de lo sucedido?

Tal vez otra persona hubiera contestado afirmativamente a las preguntas, pero no yo.

No era capaz de recordar nada de mi pasado ni como llegué a donde estoy ahora.

Solo retuve en mi memoria el sufrimiento, como me retorcía de dolor, pero todo era oscuro…carente de significado. No sé cuánto tiempo estuve así, bajo la oscura noche eterna, pero en cuanto el dolor cesó y vi una cálida luz de luna, decidí seguirla. Fue en aquel momento cuando me di cuenta en donde me encontraba en realidad. Era una prisión, dura, fría, silenciosa. No quería saber que hacía ahí, solo sabía que tenía que escapar. La garganta me ardía y tenía una repentina energía excesiva recorriendo por todo mi cuerpo. No, no era adrenalina. Era algo diferente, más fuerte, era…poder. Sí, era poder y quería rehuir de mí.

Me dirigí apresurada hacia la ventana que tenía al lado, un pequeño agujero lleno de barrotes, y casi por instinto, intenté forjarla. Para mi sorpresa esta cedió enseguida y, aprovechando mi menudo cuerpo, me escabullí por ella.

Sentí placer, el aire recorriendo mi enmarañada cabellera, pero… no sentía aquel mismo entrar y salir de mis pulmones. Abrí repentinamente mis ojos como platos. ¿Qué me sucedía? ¿Por qué no respiraba? ¿Acaso no lo necesitaba? ¿Y esa fuerza sobrenatural que poseía? No recordaba poseerla… ¿Estaba muerta?

Tenía muchas preguntas, pero como les aclaré anteriormente, ninguna tenía respuesta, al menos no en aquel momento.

Posteriormente, todas aquellas dudas, desaparecieron en cuanto sentí aquel olor. Un olor que empalagaba, era dulce como la miel y olía a flores, más precisamente, a margaritas y cerezos.

¡Oh dios, era irresistible! Mi garganta ardía más que nunca. Lo necesitaba...tenía sed y sentía que aquella dulzura la calmaría. Mi mente se tornó en blanco, mis piernas cedieron a su poder y corrí en su busca.

Aquel aroma parecía una onda musical pegadiza y yo, danzaba a su compás. Me tenía completamente atrapada, no había salido de una cárcel que entraba a una nueva. No podía pensar en otra cosa que no fuera aquel olor pero, fue entonces, cuando seguido de aquel son, aparecieron latidos, lentos y moderados. No, mentira, agitados y completamente deliciosos.

Ya nada importaba, necesitaba esa melodía, ese aroma que entraba en mis fosas nasales para no retirarse ¡¡LO NECESITABA!!

Hasta que, arrastrada por la música, caí en la cuenta. Todo se desmoronó a mí alrededor al ver ese par de ojos asustados. Ese par de ojos humanos perplejos. Era un guardia que se encontraba merodeando el lugar, pero en vez de avisar mi escape se quedó hechizado, paralizado.

No sabía qué hacer, su olor era demasiado apetecible y tenía taaaanta hambre.

Tal vez estaba loca pero en ese momento casi no resistía la tentación de arrojarme sobre aquel pobre e indefenso ser. ¿Por qué “casi”? pues cuando iba a abalanzarme sobre mi presa, por mi mente se entrecruzaron varias imágenes y una escena bien nítida. Estaba teniendo una visión, una característica bien propia de mí. Desde niña decía yo que tenía un don, el de ver el futuro; hecho que me condujo precisamente al loquero. Sí, ya lo sé, justo en ese momento. Era algo completamente extraño, yo quería deshacerla, alejarme pero no podía. Era muy fuerte, muy real. No tuve opción más que rendirme y dejarme llevar…

[i]La visión de un gran vestíbulo cubrió mi mente. Dentro de él, cinco personas ocupaban la habitación. Dos Mujeres y tres caballeros. Estaban acumulados sobre un largo sillón bordó y al parecer, todos parecían tensos y, algunos, denotaban pánico. Podía alcanzar a escuchar el susurro de lo que decían aunque solo fue una mínima parte.

[…]

- Edward, ¿Qué has dicho que escuchaste? – su voz era fina pero determinante, su portador un hombre rubio, alto y bien parecido.
Quien contestó a continuación, tenía un aspecto despampanante pero una tez cruda, poblada de preocupación. Supuse que aquel debía ser Edward.

- Ya te he dicho que no lo he oído Carlisle, lo he leído. Son dos, uno parece preocupado pero su compañera….parece entusiasmada...

- ¿Entusiasmada? – la voz de una dama interrumpió la conversación. Era hermosa, la mujer más bella que de seguro podía existir sobre la faz de la tierra. Su mirada era escéptica, al parecer dudaba en las palabras de Edward.

- Sí, Rose…al menos eso mostraba su mente. Pero lo que me preocupa es que nos conocen.

- ¿Nos Conocen? – saltó otro, un fortachón esta vez. Nuevamente bien parecido, todos los presentes lo eran. – ¿Cómo puede conocernos? Que yo recuerde no hemos tenido contacto con uno de los nuestros desde…

- Añares, lo sé – Contestó el rubio, Carlisle – Pero eso no parece ser el hecho principal aquí ¿No, Edward? ¿En qué sentido quisisteis decir “nos conocen”?

- Simplemente que nos conocen, no lo he podido dejar más explícito. Conocen cada uno de nuestros nombres, nuestra historia, nuestro estilo de vida. La mujer no paraba de recitar cosas en su mente como: “el líder es Carlisle; el morocho es Emmett; el que lee mentes es Edward…” y el otro…su acompañante, parecía emocionado por conocer “la dieta vegetariana” de los Cullen.

- ¿Cómo han podido sacar tal información, cariño? – interrumpió la dama que restaba por dar acotación alguna dirigiéndose a Carlisle. Era bella al igual que la otra pero, a diferencia de Rose, no era rubia sino que de su cabeza caía una pesada cabellera acaramelada. Parecía débil pero su rostro demostraba valentía, cariño y seriedad. – ¿No crees que serán enviados de los Vulturis, verdad?

- Lo dudo, dulzura. No según pinta Edward.

- Es verdad Esme, no lo son. Parecen bastante ingenuos y desprotegidos. Los Vulturis ya habrían lanzado una barrera cubriendo sus mentes. Esto se debe a una fuerza distinta. A menos que exista la posibilidad que quieran ser oídos a través de…

- ¿Es que acaso no pueden ser viajeros curiosos y pacíficos?- interrumpió nuevamente el fortachón.

- Emmett, cariño – acotó Rose con dulzura pero con un poco de desdén en su tono – es muy extraño que dos vampiros viajeros que “pasean” por casualidad en nuestras tierras sepan toda nuestra historia. Algo traman….

Pero luego mi visión se interrumpió al descubrir lo que más me temía. ¿Habían dicho “Vampiros”?

Mi mente golpeó fuerte sobre la realidad y nuevamente sentí aquel olor aplastante pero no, no podía hacerle caso. No podía mirarlo a los ojos, no a aquel hombre, menos al enterarme que yo podría llegar a ser un monstruo si la visón sobre aquella familia era cierta. Y menos podía hacerlo, si yo era una de los “viajeros misteriosos” ya no había otra explicación para mi reciente comportamiento.

Luché por liberarme de aquella presión y, para mi maravilla, mis piernas echaron a andar otra vez a toda prisa.

Anduve por un largo trecho, tenía ganas de llorar pero estaba seca como las dunas de un desierto. Estaba tan exhorta en mi misma que no me daba cuenta de lo rápido que andaba, más rápido que una gacela o, mejor, un puma.

Cuando en mi panorama percibí una pequeña laguna, aminoré mi marcha y me detuve frente a ella.

Me temía lo peor, pero debía ser valiente, más ahora que mi destino parecía marcado. ¿Qué más podía esperar? No me hubiera sorprendido si de mi hubieran aparecido alas y de repente me hubiera convertido en murciélago.

Pero al verme reflejada bajo la negrura de la noche, cambió la perspectiva de mi vida para siempre…..ya nada sería igual.